Con respecto a lo que llamamos “ley de tierras” que menciona el diario del 01/10, a propósito del fallo de la CSJN, quisiera hacer unas reflexiones para ampliar el debate y no limitarnos a lo “políticamente correcto”.  Durante los meses de junio, julio y agosto el gobierno nacional intentó acordar con la oposición una ley que limitaba la compra de tierras a capitales extranjeros a un 25% del territorio nacional, además de ese límite regulaba el procedimiento con la participación de las provincias cuyas instituciones debían aprobar la compra. En esos momentos se realizaba el campeonato mundial de fútbol que se mezcló con el tema de la soberanía de Malvinas, con la derrota de Inglaterra y la exhibición de banderas aludiendo a la soberanía de las islas. Eso fue suficiente para despertar “el patriotismo” de los políticos de la oposición que se elevó con un grito: “la patria no se vende”, una especie de coincidencia emocional que sirve para oponerse a la venta de tierras, al FMI, a las privatizaciones, etc. Lógicamente, con el furor del mundial de fútbol, también se entusiasmaron el colectivo de artistas, como Laly Espósito, Catriel, Tini, Nicki Nicole y Fito Páez, que al grito de “la patria no se vende”, sin haber leído la ley, se incorporaron al coro de “patriotas”. Se preocupaban por la llegada de inversores norteamericanos mientras soñaban con dar recitales en Miami. Si tanto miedo le tienen al avance de los extranjeros por que no reaccionaron cuando Cristina Kirchner le cedió al estado chino (no a un empresario particular) doscientas hectáreas en Neuquén, durante 50 años para que opere el ministerio de defensa de China y donde los científicos argentinos tienen que pedir permiso en mandarín para poder entrar. Allí sí hay una potencia extranjera que controla un pedazo de la Patagonia por medio siglo y nadie ladraba “la patria no se vende”. La constitución, en su artículo 20, reconoce a los extranjeros el derecho de adquirir, poseer y disponer de bienes raíces, confundir eso con vender la patria es ridículo; nadie puede llevarse un campo para su país de origen. Qué daño puede hacer un norteamericano o un chino comprando tierras en nuestro suelo, que precisamente se hizo grande con la llegada de inmigrantes que se hicieron propietarios y progresaron en nuestros campos.

Luis Ovidio Pérez Cleip                                                       

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